Sigo con la segunda parte de una serie de artículos sobre Desarrollos Orientados al Transporte.
Aquí puedes disfrutar de la primera parte: Desarrollos Orientados al Transporte (I): conceptos fundamentales y motivación.
Como en el capítulo I, con la colaboración de dos maestras de la materia: María Cuello y Paula Fraile.
El primer paso para hacer entender este nuevo enfoque, desde el cuál se están comenzando a abordar los problemas de movilidad en las ciudades y pueblos de manera diferente, es discutir algunas ideas:
¿Quién utiliza el automóvil?
Habitualmente se cree que el automóvil es el medio de transporte más utilizado por la población. Sin embargo, el coche es mayoritariamente utilizado por un sector muy determinado: normalmente una persona de género masculino y de mediana edad. La mayoría de la población suele caminar para satisfacer sus necesidades de movilidad, sobre todo en las zonas urbanas centrales. Por tanto, no tiene ningún sentido que la gran mayoría del espacio urbano se reserve al automóvil ya que eso significa que, en la práctica, la mayoría del espacio se reserva para el uso exclusivo de una parte minoritaria de la población.
¿A quién beneficia la movilidad sostenible?
Directamente la movilidad sostenible beneficia a la población que normalmente suele caminar, ir en bicicleta o utilizar el transporte público, dado que las condiciones para esos modos de transporte se ven mejoradas considerablemente.
Pero el mayor beneficio estriba en los efectos indirectos, no sólo por la mejora de la calidad del medio urbano (a través de menores niveles de contaminación y de un espacio más habitable), sino también en los efectos positivos indirectos sobre la salud de las personas (al respirar éstas menos contaminantes y realizar más ejercicio en sus desplazamientos diarios), sobre la seguridad vial (al ser el espacio urbano más seguro para personas que, como los niños, se ven expulsados de él), sobre el comportamiento económico y financiero de las administraciones (las medidas de movilidad sostenible suelen ser más baratas que las políticas centradas en el incremento constante de la capacidad viaria) y de las actividades económicas y comerciales de los lugares con tráfico pacificado u ordenado (carga y descarga, facilidad de accesibilidad de clientes).
En definitiva, la movilidad sostenible beneficia a todos y todas.
Allá donde se han implementado medidas de movilidad sostenible de manera acertada, el resultado ha sido normalmente un éxito.
Esto es algo que la ciudadanía suele agradecer de diversas maneras, incluyendo también el apoyo electoral a los políticos responsables de su aplicación. Es cierto que para su implementación se requiere un elevado nivel de valentía política al inicio del proceso, puesto que ello significa que una parte de la ciudadanía tiene que cambiar sus hábitos de desplazamiento; pero, tras un periodo de tiempo, la situación llega a un nuevo punto de equilibrio donde se hacen palpables las mejoras conseguidas.
Así pues, los elementos que permiten que los sistemas de movilidad y accesibilidad sean más sostenibles se basan en dos premisas principales:
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Por un lado, mejorar el comportamiento energético de todo el sistema.
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Por otro lado, un sistema de movilidad sostenible debe contribuir a mejorar la habitabilidad y la calidad ambiental del espacio urbano.
La movilidad sostenible se dota de una serie de principios rectores y de herramientas cuyos principios de acción de la movilidad sostenible pueden resumirse en los siguientes puntos:
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Reducción de las necesidades de movilidad mediante creación de proximidad.
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Fomento de transportes más eficientes en lo que se refiere tanto al consumo energético como al uso del espacio: los medios no motorizados o activos (peatón y bicicleta) son los medios de locomoción más eficientes.
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Limitación de la circulación rodada al mismo tiempo que se fomentan los medios más deseables. Bajo este criterio se aplican medidas de disuasión, en las que las políticas de aparcamientos y gestión de la velocidad en el tráfico tienen un papel muy relevante. Se trata de calmar el tráfico, reduciendo la velocidad.
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Diseño adecuado o reurbanización del espacio público para priorizar los usos no motorizados y facilitar el transporte público.
Con la Nueva Agenda Urbana como, documento estratégico que define los parámetros de las ciudades del siglo XXI, los entornos urbanos se están enfrentando a una reconsideración total de sus sistemas de movilidad urbana para hacerlos más sostenibles, lo que supone un cambio sustancial en la forma en que se entienden las ciudades, suponiendo un cambio de mentalidad. Es por ello, que todas las actuaciones en materia de movilidad sostenible deben ir acompañadas de otras orientadas a la formación, promoción y concienciación.

Principios rectores y herramientas de la movilidad sostenible.
Fuente: Elaboración propia
Afortunadamente, todas las medidas que deberán aplicarse para generar estos nuevos marcos de actuación hacia la movilidad sostenible mejoran ostensiblemente los niveles de calidad, accesibilidad y habitabilidad urbanas. Es decir, la promoción de una forma diferente de movilidad generará innumerables beneficios sociales y económicos, más allá de la indudable importancia de sus beneficios ambientales.