Bajas temerarias en las licitaciones de transporte y movilidad: ¿la muerte del sector?

Hoy escribo con David Álvarez , mi socio del Instituto de Movilidad,  sobre un tema muy crítico, las bajas temerarias en los concursos. Lo contamos tanto desde la experiencia de los consultores como analizando el sector del transporte por carretera, en el que las empresas han entrado en una competición basada más en precio que en calidad, llegando en muchos casos a lo que se conoce como dumping.

Este término se refiere a la práctica de vender por debajo del precio normal o a precios inferiores al coste con el fin de eliminar a la competencia y adueñarse del mercado. En la práctica, creemos que está dando lugar a la destrucción del mercado y de las empresas.

Además, podría parecer que es una ventaja para los usuarios (menores tarifas) o para la Administración Publica (menores costes). Pero en realidad lo que produce es una pérdida de calidad y que puede redundar en oligopolios y pérdida de la competencia que es tan importante para un mercado eficiente y sano.

Los casos en Planes de Movilidad Sostenible( PMUS)

Dado que hay grandes expectativas después de la pandemia para financiación nacional y europea, los ayuntamientos están desarrollando o actualizando sus PMUS, hay numerosas licitaciones. Las bajas ganadoras se están situando entre el 30 y el 40%, pero hay casos extremos como este de la imagen en el municipio de Jaén.

https://www.ideal.es/jaen/jaen/adjudicado-plan-movilidad-20201210211705-nt.html[MOU1]

 Una baja del 60% decidió el ganador de un proyecto que exige viajes, encuestas, conteos, procesos de participación ciudadana, etc., como cuento en mi post sobre PMUS. Admitieron la baja temeraria que no lo fue por poco, sino que se desvió casi un 20% de la media. La pregunta es: ¿lleva esto a hacer buenos trabajos?

En Puertollano, la propuesta técnica peor valorada será la ganadora, gracias a la propuesta económica realizada. Un caso similar pasó con el PMUS de la comarca de Plasencia, donde la sexta técnica (de 8 ofertas) fue la ganadora.

Las licitaciones de concesiones

Si en un proceso de licitación se realiza una baja temeraria, buscando arriesgar más en el valor económico del contrato para tratar de obtener un mayor número de puntos, cuando se licita en contratos de concesiones de transporte público (ya sea urbano o interurbano), las empresas se están jugando mucho más que simplemente la contraprestación de un servicio.

Realizar una fuerte baja al aspecto económico en una licitación concesional supone asumir ese riesgo y ese descenso de ingresos durante toda la duración de un contrato concesional de transporte público, que hoy en día oscilan entre los 6 y 10 años, es decir, se hipotecan los ingresos a percibir por un servicio durante un plazo de tiempo considerable.

Pero, además, esos ingresos deben permitir el asumir el coste de todo lo que ello implica: pagar los sueldos del personal (conductores, mecánicos, inspectores, etc.), asumir los créditos solicitados a entidades bancarias para la compra de nuevos vehículos, poder pagar el precio del combustible (con sus fluctuaciones anuales), etc. Es decir, una baja temeraria en un concurso de este tipo supone una decisión muy importante, que puede suponer incluso la desaparición de una empresa.

Durante esta pasada década, el número de concursos concesionales ha sido de relevancia, toda vez que existe un altísimo número de concesiones que ya están caducadas en España, tanto a nivel nacional como autonómico. Por ello, entre los años 2014 y 2017 se produjo un efecto curioso, muy peligroso pero significativo de conocer, en relación con las bajas temerarias.

Si bien hasta el año 2014 apenas se habían podido renovar nuevas concesiones caducadas por el proceso de recursos a este tipo de concursos, que conseguían paralizar estas licitaciones, a partir de 2014 se estableció un pliego de condiciones que sus recursos apenas tenían éxito, sólo retrasando ligeramente estos procesos de licitación. En ellos, el criterio principal de valoración era el económico, enfocado como la tarifa a cobrar al viajero. Tenía un peso de 35 puntos sobre 100, que si bien no suponía un porcentaje muy elevado de representatividad con respecto al resto de los criterios, sí era el diferenciador. De esta forma, en los primeros concursos de ese año 2014, las empresas que se presentaron a diferentes concursos procedieron a proponer bajas en los ingresos de aproximadamente un 18-20%.

Tras unos primeros concursos en los que las empresas rondaban esas bajas, en los siguientes, seis meses después, empezaron a plantear propuestas más agresivas, con bajas en el precio del 26-27%. La lucha empezaba a ser más encarnizada, de forma que los diferentes concursos concesionales del año 2015 fueron mostrando bajas incluso superiores: entre el 30 y el 40% de baja, una barbaridad. Como se podía comprobar, este enfoque estaba animando a las empresas a entrar en baja temeraria, toda vez que además, las administraciones admitían posteriormente todas las justificaciones de estas bajas: para ganar un contrato, tenías que estar en baja temeraria.

En el año 2016, las bajas temerarias empezaron a alcanzar límites sorprendentes, con propuestas que ofertaban reducciones en los ingresos del 50-60%. ¿Qué sucedió? Que la Administración se vio obligada a cambiar su criterio, y no aceptar ni una sola baja temeraria. De esa forma, los contratos, aun así, seguían adjudicándose con bajas del 45% por ejemplo. Llegó tarde ese cambio de criterio, y hoy en día existen muchas empresas que están sufriendo fuertemente la situación, más incluso con la crisis generada por el COVID, que han hecho muchísimo daño, sobre todo a todas estas empresas que se adjudicaron contratos con enormes bajas en los ingresos, asumiendo altísimos costes a cambio.

En conclusión, la aceptación fácil y continua de las justificaciones de las bajas temerarias supone viciar los procesos de licitación, donde la necesidad de contratar o la capacidad financiera de las empresas más potentes desequilibran el marco de juego, asumiendo riesgos que incluso afectarán finalmente al propio servicio, su calidad o su viabilidad de prestación.

Es más interesante mostrarse como una Administración “difícil de convencer” y que apenas acepte estas justificaciones (si el precio de licitación está bien calculado, las bajas temerarias no se pueden justificar con datos reales) para atenuar esa mala práctica, y que las empresas licitadoras traten de conseguir las máximas puntuaciones basadas en propuestas técnicas de máxima calidad.

Otros casos

Recientemente, se ha licitado el estudio de viabilidad del metro de Granada por la Dirección General de Movilidad de la Junta de Andalucía. Se ha adjudicado a la mejor propuesta técnica y admitida su baja temeraria, que lo era por poco(apenas un 2%). Es otro caso sobre el que hay que reflexionar. La pregunta es,

¿se debe ser tajante o, como se ha dicho antes, solo difícil de convencer y dar un margen a una cierta discrecionalidad del equipo de funcionarios para evitar que ofertas malas sean ganadoras?

También hay que destacar negativamente las subastas de AENA y DGT.

Las soluciones

Lo que se ha analizado, muestra que se está generando en el sector del transporte un deterioro de la calidad, que afecta a la ciudadanía al final, pero que los perjudicados son todos, las empresas que se hunden, los funcionarios que tienen que luchar contra productos malos…

En las licitaciones de consultoría, para eliminar aparentemente la importancia de la propuesta económica pero evitar la subjetividad, se han incluido muchos criterios objetivos pero que, en realidad, tiene una componente económica (ejemplo, número de encuestas, horas de conteos, meses de asistencia técnica). Al menos mejoran las prestaciones, aunque dejan poco margen a la creatividad y esfuerzo de los licitadores, quienes, como ya se viene viendo, dicen “sí” a todo. Un ejemplo es el tema de kms o expediciones adicionales de las concesiones de transporte.

Otras opciones muy interesantes son las utilizadas en algunas licitaciones, por ejemplo, del Consorcio Regional de Transportes de Madrid pero también del Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe que, a partir de un valor, por ejemplo del 10% de baja, la puntuación es la misma para todos, dando el resto de puntos de forma objetiva o con criterios de valor a la calidad. Esta fórmula puede ser también con una curva asintótica, como en el caso del proyecto de ampliación del Tranvía de Sevilla, que a partir del 25% de baja, la diferencia de puntos era poco interesante.

Y ahora te animo a que nos comentes tu experiencia y opinión.

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